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		<title>George R. R. Martin, &#8220;Juego de Tronos&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Jul 2010 10:21:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>egdris</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Mucho había tardado en crear una categoría de opinión sobre los libros que más me gustan o que me gustaría <a href="http://egdris.com/?p=207">read more&#8230;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Mucho había tardado en crear una categoría de opinión sobre los libros que más me gustan o que me gustaría leer. Y que mejor libro para comenzar que la primera parte de la saga &#8220;Canción de Hielo y Fuego&#8221;, la cual he terminado de leer estos días (al menos hasta donde está escrito por ahora), y por la que me muerdo las uñas en espera del siguiente tomo.<span id="more-207"></span></p>
<p>Es una obra maestra llena de intrincadas tramas que absorben al lector y lo transportan de lleno al mundo creado por el autor, George R. R. Martin. Las tierras de Poniente son realmente maravillosas, llenas de lugares y paisajes descritos de tal manera que con cerrar los ojos parece que estemos allí, en la imponente Invernalia, en lo alto del Muro o en las llanuras de los Dothrakis.</p>
<p>La estructuración del tomo está dividida en capítulo-personaje. Es decir, cada capítulo cuenta parte de la historia, desde los ojos y la mente de uno de los personajes. Al principio es un tanto chocante, pero luego os veréis absorbidos por las intrincadas tramas y aventuras que viven cada uno.</p>
<p>Estoy seguro de que estaréis conmigo, una vez lo halláis leído, en que es increíble como George Martin juega con los personajes y con el lector, dando giros inesperados y creando tramas donde había otras tramas, convirtiendo a buenos en villanos y a villanos en héroes, enganchándonos sin remedio, consiguiendo que nos bebamos cada página como si fuese un barril de agua en medio del desierto.</p>
<p>Como no me atrevo a resumiros la historia por miedo a desgranaros algo de la trama, os copio aquí el texto de la contraportada.</p>
<p></strong><br />
<em>Canción de Hielo y Fuego: Libro Primero</p>
<p>Tras el largo verano, el invierno se acerca a los Siete Reinos. Lord Eddard Stark, señor de Invernalia, deja sus dominios para unirse a la corte del rey Robert Baratheon l Usurpador, hombre díscolo y otrora guerrero audaz cuyas mayores aficiones son comer, beber, y engendrar bastardos. Eddard Stark desempeñará el cargo de Mano del Rey e intentará desentrañar una maraña de intrigas que pondrá en peligro su vida&#8230; y la de todos los suyos.</p>
<p>En un mundo cuyas estaciones duran décadas y en el que retazos de una magia inmemorial y olvidada surgen en los rincones más sombríos y maravillosos, la traición y la lealtad, la compasión y la sed de venganza, el amor y el poder hacen del juego de tronos una poderosa trampa que atrapa en sus fauces a los personajes&#8230; y al lector.<br />
</em></p>
<p><strong>Espero de verdad que os guste y que lo disfrutéis como yo lo he disfrutado. Os lo recomiendo encarecidamente pues veréis que merece la pena y es de una lectura rápida y adictiva. Más de una vez he pensado &#8220;Voy a leerme un capítulo y ya lo dejo hasta después&#8221; y al cabo de un ratito darme cuenta de que me he leído cerca de tres.</p>
<p>Os invito a dar vuestra opinión o a formular cualquier pregunta que querais acerca de este libro.</p>
<p>¡Animo y mucha suerte a todos!</strong></p>
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		<title>&#8220;Studing Break&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Jun 2010 08:21:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>egdris</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Al fin se han acabado los exámenes!
Siento no haber puesto nada en todo este tiempo, pero he estado liadísimo con <a href="http://egdris.com/?p=197">read more&#8230;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¡Al fin se han acabado los exámenes!</p>
<p>Siento no haber puesto nada en todo este tiempo, pero he estado liadísimo con la universidad.</p>
<p>Ahora que ya he acabado espero poder tener tiempo para escribir un par de cositas que tengo en mente <img src='http://egdris.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> <span id="more-197"></span> Lamento mucho el enorme retraso, peor prometo que haré todo lo posible por ponerme al día <img src='http://egdris.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>¡Un abrazo a todos y hasta pronto!</p>
<p><em>Imagen:Obtenida de: &#8220;http://lh4.ggpht.com/_fUbLwaT3qSs/R697sl7G8zI/AAAAAAAALOU/1EuwE0_fZqM/estudiando+002.jpg&#8221;</em></strong></p>
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		<title>Capítulo II de Drakonis (Segunda Parte) &#8220;El Terrible Precio de la Vanidad&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 03 May 2010 10:50:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>egdris</dc:creator>
				<category><![CDATA[Drakonis]]></category>
		<category><![CDATA[Fantasía]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Buenas a todos! Hoy finalmente me he decidido a poner un pequeño fragmento de la continuación de Drakonis. No es <a href="http://egdris.com/?p=189">read more&#8230;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¡Buenas a todos! Hoy finalmente me he decidido a poner un pequeño fragmento de la continuación de Drakonis. No es muy grande, aunque este capítulo esta saliendo más largo de lo que esperaba en un principio. De todos modos, espero que os abra el apetito para el siguiente <img src='http://egdris.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>A ver si la semana que viene puedo subir otro pedazito ^^ ¡Gracias a todos! Mucha suerte <img src='http://egdris.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </strong><span id="more-189"></span></p>
<p>-¡Dime tu nombre inmediatamente y retira tu yelmo! –ordenó Courne con el rostro encendido por el enfado y con un brillo peligroso en los ojos.</p>
<p>El soldado asintió y desabrochó la tira que sujetaba su casco y lo deslizó suavemente. Un suave pelo castaño ondeó en el aire mientras se descubría una cara juvenil y atractiva de ojos verdes como la hierba en primavera. El gesto del joven soldado aparentaba serenidad, mas sus ojos rojos y brillantes indicaban que no era una calma real.</p>
<p>-Mi nombre es Eldric, majestad.</p>
<p>Courne habría enmudecido y quizás enrojecido ante el atractivo joven que tenía aproximadamente su edad. Incluso podría haberse dado cuenta de los pequeños detalles que confirmaban que su tranquilidad era realmente fingida. Pero su orgullo podía más que ella, y sin dudar abofeteó con dureza el rostro de Eldric.</p>
<p>El joven, que no esperaba tal reacción calló arrodillado ante la princesa, con el rostro rojo por el fuerte golpe. Todos los que presenciaron la escena abrieron ojos y boca sorprendidos por la terrible reacción de su monarca. Todos excepto Eldric que permaneció impasible con el rostro encendido y la rodilla postrada.</p>
<p>-¡Aprende cual es tu lugar maldito plebeyo! –Gritó al enfurecida Courne. – Eres una vergüenza ¡Como osas contrariar a Lady Gissela!</p>
<p>La enrojecida mano volvió a alzarse para golpear una segunda vez, pero algo la agarró de la muñeca con fuerza e impidió que se moviese.</p>
<p>-¿Que demo…? –la princesa se detuvo por un momento, agarrada por su querida aya, quien la miraba con una dureza sin igual.- ¿Gissela? ¿Qué ocurre?</p>
<p>Los ojos de la anciana brillaron con una fuerza interior que Courne jamás había visto. La institutriz se había enfadado muchas veces con ella, pero jamás la había mirado con semejante dureza. Sus ojos, maternales, tiernos y dulces se habían tornado fríos, ásperos y realmente duros.</p>
<p>-Vuelve inmediatamente a tu habitación… -dijo Gissela con una frialdad que heló la sangre de todos los presentes, excepto del soldado.</p>
<p>Courne no entendía nada. ¡La había defendido! Ese soldado le había hecho algo y ella había salido a darle una lección. ¿Por qué su querida amiga la trataba con tanta dureza? ¿Por qué la miraba y le hablaba en ese tono tan oscuro? No parecía la Gissela de siempre… algo raro ocurría ese día.</p>
<p>-¡Ahora!- Gritó con fuerza la anciana, y todos corrieron a sus puestos, fuera del pasillo donde había tenido lugar la discusión. </p>
<p><em>Imagen.- Obtenida de: &#8220;Manual de Monstruos I de Dungeons and Dragons&#8221;</em></p>
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		<title>Arena y Sangre</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Apr 2010 21:19:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>egdris</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta historia la tenía desde hace bastante. Está inspirado, o más bien relata, las aventuras que dirigí como Maestro de <a href="http://egdris.com/?p=182">read more&#8230;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Esta historia la tenía desde hace bastante. Está inspirado, o más bien relata, las aventuras que dirigí como Maestro de Juego de Dragones y Mazmorras para mis amigos. Va especialmente dedicada a Zuk, Odhin y Anathar.</p>
<p>Me he saltado el prologo pero si esta os gusta lo pondré la semana que viene. Espero que os guste.</p>
<p>¡Un abrazo para todos!</strong><span id="more-182"></span></p>
<p>Los gritos que se escuchaban tras las pesadas puertas de acero y piedra blanquecina sobrecogían al pequeño gnomo que deambulaba entre los demás gladiadores, quienes esperaban impacientes su turno. Uno afilaba nervioso su hacha, el otro meditaba en silencio, dos discutían entre ellos debido a un ridículo malentendido,…, el ambiente estaba muy cargado, y eso ponía bastante nervioso al pequeño y joven hechicero. Joven para ser gnomo claro.<br />
Sus cabellos castaños caían por los lados de su pálido rostro hasta un poco más abajo de las grandes orejas. Sus patillas y su perilla, muy pobladas, le daban, junto con su característica sonrisa, una pinta de pilluelo muy simpática.<br />
Vestía una camisa violeta y unos pantalones recortados a la altura de las rodillas de color marrón. Una lanza de madera con punta de hierro y una capa, a juego con su camisa, pero de tono un poco más oscuro, cubría su espalda, mientras que sus manos estaban protegidas por unos guantes, a los cuales les había recortado los dedos para mostrar así los suyos propios, enseñando sus afiladas uñas que se asemejaban a unas feroces garras. Sus botas sin embargo eran de lo más curiosas: de cuero negro, estaban apretadas por unas cinco correas del mismo material que recorrían la pierna desde las rodillas hasta los tobillos, apretando con fuerza la bota a su cuerpo; la suela sin embargo, era de un cuero más pesado y duro, de color marrón.</p>
<p>Entonces entró el mensajero, un muchacho de apenas quince años, corriendo con un pergamino entre las manos. Se subió de un salto a una mesa en medio de la gran mazmorra de piedra y grito:<br />
“En primer lugar Therion el Negro, seguido de Gorbak y Louise Jantyr. En tercer lugar Zuk Fisquillo y Sir Thedras…” – el mozo siguió gritando los nombres de los combatientes por orden mientras el primero, un mago humano, avanzaba hacia el portón. Pero el pequeño Zuk ya no prestó atención; se dedicó a buscar con la mirada a su compañero de combate.<br />
-¡Vaya! No esperaba tener compañero, esto pinta ser muy interesante&#8230; ¿Quién será?- pensaba en voz alta el hechicero gnomo mientras el pesado sonido de una coraza se plantaba a sus espaldas. Lentamente se giró y miro hacia arriba, intentando encontrar el rostro del imponente caballero que lo observaba serio y enfadado.<br />
-Vaya, un enano canijo y encima mago –farfulló el humano- Se ve que hoy no es mi día de suerte… -sus ojos irradiaban cierto desprecio- Intenta no ser una molestia, ¿de acuerdo?<br />
La mirada de Zuk se endureció en una mueca de enfado. –Disculpa “grandullón de hojalata que no sabe reconocer a un gnomo de un enano” –masticaba sus palabras con cierto placer- para empezar no soy un mago, soy un hechicero; Por si no lo sabes, los hechiceros nacemos con el don de la magia, los magos la estudian. Si eres ese tal Thedras entonces será mejor que me trates con respeto si no quieres ser tú el que salga perjudicado. – sus ojos relampaguearon cuando ambas miradas chocaron. El humano se agacho pesadamente para observar de cerca al hechicero.<br />
-Tienes suerte de que en este coliseo hayan normas y de ser mi compañero de arena – una falsa sonrisa se dibujó en su rostro durante unos segundos, pero pronto se desvaneció ante una mueca de desprecio – sino te rebanaría aquí mismo con mi hacha.<br />
Las palabras de respuesta del gnomo se perdieron entre los fuertes gritos y sollozos del mago que salía en camilla de la arena. Todos los gladiadores se apretaron para observar a los sacerdotes blancos que lo transportaban en una camilla. El desdichado humano había perdido su brazo derecho y sangraba sin parar, agarrándose el hombro con su mano izquierda, intentando inútilmente detener la hemorragia. Junto a la camilla avanzaba una enana de expresión fría que buscaba en un pesado libro alguna receta o conjuro que fuese de utilidad, mientras se dirigían firmemente a la enfermería. Otra enfermera, una pequeña y bella mediana corría detrás cargando el miembro cercenado del mago.<br />
-Ves a lo que me refiero- dijo Thedras observando como se perdían por el pasillo y cerraban de un golpe la puerta de la enfermería. – Mantente a cubierto y no acabaras como él.<br />
El rostro del hechicero palideció, si es que  eso era posible, pues su piel era bastante blanca de por si. Silenciosamente se planteaba si habría sido buena idea apuntarse como gladiador. ¿A que debería enfrentarse? Un extraño cosquilleo recorría su espalda mientras se imaginaba a un enorme huargo arrancando de un mordisco su brazo y al guerrero humano riéndose de él a un lado. “¡No!” pensó “¡No le daré esa satisfacción”. De súbito, cogió un taburete y subió con el a la mesa central; lo colocó y se alzó sobre el de pié, en una posición heroica con el brazo en alto y el dedo índice señalando al techo:<br />
-¡Soy Zuk Fisquillo! ¡Soy un héroe y ninguna bestia podrá hacerme retroceder! –gritó con fuerza.<br />
Toda la sala se paró a observarlo, atónitos por la repentina reacción del pequeño muchacho de pelo castaño oscuro. Sin embargo, el silencio se rompió de pronto con las terribles carcajadas de los demás luchadores “¡JAJAJA! ¿Tu un héroe? ¡No me hagas reír renacuajo!” “¡A ver si dices lo mismo cuando los sacerdotes recojan tus pedazos iluso!” Le gritaban mofándose de él.<br />
Enfadado, bajó del taburete y se dirigió a la puerta, pues él y Thedras serían los siguientes en salir. Todos le abrían paso riendo: “¡Adelante señor “héroe!” “¡jajaja!” “¡Intenta no hacerte daño novato!”. Furioso avanzó lanzando miradas de odio a todos y cada uno de los presentes, maldiciendo en voz baja: -os vais a enterar, ¡ya lo veréis!-.<br />
Thedras le esperaba apretando bien su escudo ligero sobre su muñeca. Su armadura era enorme, sin duda le había costado muy cara.  Su hacha no era nada del otro mundo: hecha por completo de metal tenía el mango forrado con una especie de terciopelo rojo de muy mala calidad. Sus ojos se volvieron a encontrar una vez más.<br />
-Estas avisado gnomo, haz lo que te he dicho y todo saldrá bien- comentó mientras se colocaba en dirección a la enorme puerta de piedra blanquecina y metal plateado. Zuk sin embargo no respondió, estaba enfrascado en sus pensamientos e hizo caso omiso a las palabras del guerrero.<br />
Las burlas continuaron cada vez más fuertes, hasta que las puertas volvieron a temblar, y esta vez, era un semiorco de más de dos metros quien la cruzaba, portando en brazos a su compañero malherido. Con un terrible rugido consiguió que las risas cesasen. Todos lo observaron silenciosos y atemorizados, pues los huesos y pieles que le servían de vestimenta, al igual que la enorme hacha doble que llevaba colgando de la espalda, conseguían potenciar el aspecto intimidatorio de la enorme criatura. Lentamente avanzó entre la multitud de luchadores, observándolos a todos con dureza, obligándolos a agachar sus cabezas y mirar al suelo avergonzados. Mientras unos médicos acudieron corriendo al encuentro del bárbaro, que les entrego el cuerpo de su amigo, y rápidamente se dirigieron a una de las salas designadas como enfermería.</p>
<p>Los goznes de la puerta resonaron mientras esta se volvía a abrir una vez más para dar paso a los nuevos gladiadores. Los ensordecedores gritos de la multitud que llenaban las gradas del enorme edificio resultaban de lo más intimidatorios. Algunos vitoreaban mientras otros maldecían al humano y al gnomo que acababan de entrar en el terreno de combate.<br />
Se trataba de un coliseo mágico. En esta clase de lugares, las batallas no tenían lugar en la arena, sino que el terreno se transformaba, y podían suceder en él batallas de todo tipo y en cualquier terreno: Selvas, desiertos, bosques,… incluso bajo el agua. Sin embargo, paradójicamente, esta vez era la arena de un desierto la que cubría el terreno como un inmenso mar dorado que se extendía hasta las paredes, interrumpido solo en aquellos lugares donde enormes robas sobresalían como dientes.<br />
-¡Damas y caballeros! Ahora tendrá lugar el enfrentamiento entre: ¡El caballero Thedras, guerrero de las boscosas tierras del oeste! ¡Y Zuk Fisquillo, un joven hechicero de las afiladas montañas de cobre! ¡Contra – se hizo el silencio un momento y el aire pareció temblar mientras las puertas que se alzaban frente a ellos se abrían con parsimonia- Gar’Nazak, el temido ciempiés del desierto!<br />
El terrorífico grito chirriante de la bestia resonó en todo el coliseo mientras ésta aparecía por la entrada norte. Era un gigantesco gusano de unos cien metros de longitud y cinco de diámetro avanzaba veloz hacia ellos. Sus anillos se retorcían mientras se desplazaba con sus afiladas patas que rascaban la arena con furia. La parte delantera de la bestia, lo que se supone que debía ser su rostro, era una enorme boca coronada con miles de pequeños ojos. Una enorme mandíbula se abría a cada lado, como si estuviese partida por la mitad, dejando ver las enormes fauces plagadas de varias hileras de afilados dientes que se movían ansiosos en el interior ambas.<br />
Zuk estaba absorto observando a la criatura cuando Thedras gritó desafiante y corrió al encuentro del monstruo. Un coro de gritos acompañó la carga del humano que avanzaba decidido, con el escudo al frente y el hacha preparada para golpear. Pero el enorme ciempiés era más inteligente de lo que parecía, y sin que el guerrero se percatase, la parte trasera de su largo cuerpo se hundió en la arena y antes de que el gnomo pudiese avisarle, ésta salió de repente bajo los pies de Thedras y lo hizo caer de bruces contra la arena.<br />
“Maldita sea… ¿que puedo hacer?” pensó el hechicero mientras recordaba todos los hechizos que había aprendido a conjurar en los pocos meses que llevaba practicando. Sus manos se movían nerviosamente, hasta que de pronto su rostro se endureció y comenzó a mover los dedos y las manos dibujando formas en el aire a la vez que pronunciaba palabras en el misterioso idioma de los dragones.<br />
Mientras tanto, Thedras se había incorporado y arremetía de nuevo contra la bestia. Si escudo paraba las embestidas de la cola del ciempiés, mientras su hacha intentaba hendirse en éste, pero el fino caparazón que lo protegía no parecía debilitarse. Golpe tras golpe, el guerrero iba buscando un punto débil en la defensa del bicho, hasta que, en un descuido de éste, el guerrero se coló bajo su garganta y asestó un potente corte sobre la piel de la criatura, que se estiró hacia el cielo y chilló de dolor. Su punto débil era su parte baja, ya que las placas de su caparazón eran más flexibles y menos duras por esa zona.<br />
Zuk completó el conjuro y estiró sus manos en dirección a su enemigo, a la vez que de sus dedos salían unos proyectiles brillantes que avanzaban velozmente hasta golpear a Gar’Nazak en la cola, forzándolo a esconderla y evitando así que con ella golpease una vez más a su compañero. “No es suficiente… debo obligarle a exponer su debilidad” Pensó nervioso mientras cogía con fuerza su lanza y avanzaba corriendo al combate, pero el gusano reaccionó. Apoyó su cuerpo en la arena y lanzó su cola con fuerza, golpeando al pequeño, que salió despedido contra una de las rocas.<br />
El guerrero se desplazaba velozmente a un lado y a otro: esquivando, golpeando, buscando el vientre de la criatura, pero ésta se retorcía y cubría, evitando volver a exponerse una vez más al filo del humano, pero Thedras no desistía y continuaba golpeando y parando embestidas con su escudo, esperando que en un descuido, la bestia volviese a dejar su punto flaco al descubierto.<br />
El gnomo se retorció de dolor, pues el golpe le había lastimado el hombro derecho y al intentar abrir los ojos, la arena le escoció y tuvo que cerrarlos con fuerza y llevarse las manos a la cara. “¡Espera! ¡Eso es!”.<br />
-¡Ya lo tengo!- grito con fuerza; colocándose de pie en un salto, y abriendo los ojos inconscientemente- ¡Maldición!- se quejó llevándose las manos a la cara para limpiarse.</p>
<p>-¡Ríndete bestia! Yo soy más fuerte que tu, ¡admítelo!- Gritaba Thedras furioso al enorme ciempiés que chillaba y atacaba con ferocidad, golpeando con su pesado cuerpo, embistiendo con sus enormes fauces para intentar devorar su presa.<br />
-¡Aquí bicho inmundo!- grito una voz aguda a espaldas del guerrero- ¡Enfréntate a mi montón de babas! ¡Hijo de una lombriz!<br />
Thedras se giró para ver que ocurría. “¡Pero que demonios!”, pensó mientras se giraba y observaba al pequeño Zuk gritándole a la gigantesca bestia, la cual parecía haberse enfurecido. Lanzó un veloz ataque que cogió al humano desprevenido y lo lanzó a un lado de la arena con fuerza suficiente para dejarlo sin aire unos segundos, tendido en el suelo.<br />
Zuk seguía provocando a la criatura, que parecía cada vez más enervada y se encaraba al pequeño hechicero. Furiosa lanzó un potente grito contra el pequeño gnomo y lo llenó de pegajosas babas; y casi instantáneamente, se abalanzo contra este para engullirlo de una sola vez.<br />
-Te tengo- susurro Zuk mientras esbozaba una sonrisa y comenzaba de nuevo a hablar en el idioma dracónico y a mover sus manos, peor ésta vez de manera más rápida, pues el tiempo no estaba a su favor. En un instante consiguió completar el conjuro con éxito, dirigió sus manos al suelo y miró a Gar’Nazak a sus cientos de ojos y dibujó de nuevo esa sonrisa pícara, que se reflejó en todos y cada uno de ellos. ¡De seguro, la bestia hubiese enrojecido de cólera de haber podido! Pero, con un rápido movimiento del hechicero, que alzó sus manos en dirección al rostro de la criatura, la arena a su alrededor ascendió, movida por la mente del gnomo, y fue directa a los ojos del ciempiés.<br />
El chillido de dolor de la criatura fue tan fuerte, que el coliseo entero pareció temblar. Ésta se alzó hacia el cielo y se agitó a un lado y a otro ferozmente, intentando deshacerse de la arena de sus ojos, pero resultaba poco eficaz. Fue entonces cuando Thedras, que se había incorporado, corrió furiosamente contra la criatura y de un salto hendió el filo de su hacha en el vientre del gigantesco ciempiés, desgarrándolo de un solo tajo mortal.<br />
Gar’Nazak se retorció una y otra vez, chillando de dolor mientras perdía sus fuerzas y sus movimientos se hacían más débiles y lentos, hasta que por fin, pareció detenerse en una posición vertical y dejó caer todo su peso sobre la arena del coliseo, tiñéndola de un rojo oscuro.<br />
Zuk temblaba y respiraba con fuerza, incapaz de dar un paso o apartar la vista de la enorme criatura que tenía ante él. Thedras se incorporó y con un ademán despreocupado limpió la sangre de su hacha con un pañuelo rojo que llevaba atado a la cintura.</p>
<p>El público había enmudecido de asombro. Aquel pequeño hombrecillo había arriesgado su vida para distraer a la bestia y golpearla con fuerza para dar al guerrero una oportunidad única de acabar con el combate.<br />
El silencio acompañó a ambos en su amino de vuelta a las mazmorras del edificio, y solo el chirriar de los goznes consiguió romperlo.<br />
No hubieron felicitaciones ni palabras de ánimo, ni tan si quiera una mirada entre los dos combatientes. Simplemente anduvieron lentamente hasta salir de la arena. Y fue entonces, justo antes de cruzar el umbral, cuando la multitud estalló en gritos y aplausos mientras tiraban a la arena todo tipo de cosas: flores, comida,… .Los dos se giraron y observaron el revuelo que habían causado, y sonriendo, hicieron una reverencia al mismo tiempo y entraron en la sala de espera.<br />
Las puertas se cerraron a sus espaldas, pero la multitud seguía vitoreándolos, gritando sus nombres: “¡Bravo Zuk!” “¡Héroes!” “¡Así se lucha Thedras!” “¡Que vuelvan a salir!”<br />
Los demás gladiadores guardaban silencio, mientras el gnomo se llevaba las manos a la cintura y mirándolos por encima del hombro, sonrió con placer, observando como sus bromas y risas se habían borrado por completo, y todos contemplaban atónitos a los dos campeones que acababan de entrar.<br />
Tampoco hubieron palabras para ellos, solo aplausos y palabras de animo y felicitaciones. Ambos caminaron con la cabeza bien alta en dirección a la enfermería para reponerse de los golpes y heridas. “Este es el comienzo de una larga historia” pensó Zuk, inconsciente de la verdad de sus palabras. Aunque en aquel momento por su mente pasaban ideas de batallas en coliseos mágicos y una fama y riqueza inigualables, no imaginaba la realidad que le esperaba en el enorme mundo que se extendía mas allá de las altas murallas de la brillante aunque peligrosa ciudad de Sol’Amensis.</p>
<p><em>Imagen.- Obtenida de: &#8220;http://jovenchar.files.wordpress.com/2008/09/jean-leon_gerome_pollice_verso.jpg&#8221;</em></p>
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		<title>Asalto a Southshore (Parte IV)</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Apr 2010 15:54:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>egdris</dc:creator>
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		<category><![CDATA[World Of Wacraft]]></category>

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		<description><![CDATA[Siento haber tardado en subir esta última parte, pero la tenía en la libreta y me faltaba pasarla a limpio <a href="http://egdris.com/?p=176">read more&#8230;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Siento haber tardado en subir esta última parte, pero la tenía en la libreta y me faltaba pasarla a limpio e echarle un vistazo para corregir los fallitos que viese por encima.</p>
<p>Esta es la última parte del &#8220;Asalto a Southshore&#8221;. Me ha quedado un pelín más largo de lo que pensaba, y aun así creo que me quedan algunas cosas en el tintero, pero intentaré editarla si algún día me decido a retocarla.</p>
<p>Espero que os guste <img src='http://egdris.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' />  ¡Un abrazo!<span id="more-176"></span><br />
</strong></p>
<p>Sir Velerhis, Almirante del “Furia del Sol”, observó horrorizado la destrucción que causó la invasión de la implacable Horda a su paso por el pequeño poblado de Southshore.<br />
Su navío, y la flota a la que acompañaba, habían desembarcado hacía unas horas, después de haber hundido algún que otro barco enemigo, mientras el grueso de la flota continuaba su avance. El peso de la culpa por haber llegado tarde y no haber sido suficientes para detener a la poderosa fuerza de guerra enemiga, aprisionaba el corazón del alto elfo como si un puño de acero lo agarrase con una fuerza brutal.<br />
Sus hombres, y él mismo, habían ayudado a poner a salvo a las gentes y a extinguir los fuegos, pero todos sus esfuerzos parecían insuficientes. Las familias, destrozadas, se apiñaban junto al muelle, llorando con rostros desencajados de dolor. Los más afortunados tan solo habían perdido su ganado o sus hogares, lo cual equivalía a perder los esfuerzos y logros de toda una vida. Otros muchos habían perdido a sus seres queridos. Sin embargo, había alguien que lo había conmovido y afectado sobremanera.<br />
Muchos siglos al mando de un navío de guerra, y varias décadas antes como forestal de las tierras de Silvermoon, habían hecho de Velerhis un elfo fuerte, ágil y acostumbrado a la guerra. No era la primera vez que veía un asalto de aquel calibre, y, de hecho, había presenciado auténticas masacres muchísimo peores. “Habéis sido muy afortunados, aunque no lo sepáis…” pensaba cuando observaba a los refugiados, pero hubo uno que le llego al corazón y consiguió que se compadeciese de el.</p>
<p>En una casa a las afueras, sobre un pequeño acantilado junto al mar, encontraron el cadáver de una mujer, y no muy lejos, el de su marido, el jefe de la guardia del pueblo. Tendido mirando hacia la pequeña granja, con dos cadáveres trols a su lado. Sin duda había conseguido vender cara su vida.<br />
La lluvia comenzó a caer con fuerza. Ambos cadáveres estaban ya envueltos en mantas y listos para ser transportados al cementerio, cuando el llanto de un niño rompió el silencio. Rápidos como el viento, entraron en la casa abandonada, donde pudieron escucharlo con claridad.<br />
Las gotas de agua se filtraban por el techo, agujereado por un cañonazo. Era difícil de percibir la procedencia del llanto con el ruido de la lluvia envolviéndolos. Abrieron armarios, gavetas, pero nada… Entonces uno de los marineros volcó la cama, dejando al descubierto la trampilla oculta.<br />
Velerhis fue el primero en bajar, y en ver al pequeño humano, tendido sobre el húmedo suelo, el rostro teñido con la sangre de su propia madre y envuelto en una manta. Solo. “Solo hasta el fin de tus días, pequeño” Pensó el elfo. “Aún no sabe lo que ha ocurrido… ni lo que le espera.”<br />
Entonces su mente recordó una vida dura, en el orfanato de Lunargenta. Observando cada día como los nobles cenaban banquetes y se divertían tirando las sobras a los niños que vivían en la calle, riéndose luego de ellos. Recordaba como los niños ricos jugaban a cazar al huérfano, tirándoles piedras por las calles y persiguiéndolos por toda la ciudad. Y como sus padres, en lugar de reprenderlos argumentaban que “Son juegos de niños. Además… que importa un huérfano o dos.”<br />
Sabía lo que le esperaba a aquel niño. La clase de vida y desprecios que iba a soportar. Y quizás fue eso lo que llevó al capitán del “Furia del Sol” a adoptar a aquel pequeño como grumete de su tripulación.<br />
Intuitivamente siguió caminando, en dirección a los muelles, partirían aquel mismo día. Esperaba que Gauvain no tardase mucho, aunque seguramente aún seguiría en el cementerio, junto a las tumbas de sus padres. Debía dejarle despedirse, después de todo, quizás fuese la última vez que pisaba Southshore.</p>
<p>_______________________________________________________________________________</p>
<p>El viento aullaba frío en aquella tarde. La tormenta había pasado, pero el cielo aún permanecía gris. Gauvain llevaba varias horas en el pequeño cementerio de Southshore, de pie ante las tumbas de sus padres.<br />
“Eric y Lianna Griffonheart. Descansen en Paz.” Rezaba la fría lápida. El pequeño de cabellos castaños había llorado tanto, que pensaba que sus lágrimas ya se habían agotado para siempre. Aún tenía miedo.<br />
El elfo que lo encontró había sido muy amable, pero aún no era capaz de comprender porqué sus padres ya no estaban con él. Porque debía partir lejos con aquel desconocido, por muy bueno que fuese. Tenía tantas preguntas sin respuesta, y estaba tan aturdido  y temeroso, que no se dio cuenta de la presencia de la joven, hasta que prácticamente estuvo a su lado.<br />
Tenía el cabello rojo como el fuego, suelto, ondeando al viento que soplaba con fuerza. Su vestido era blanco, adornado en los bordes con franjas verdes como la hierba y margaritas bordadas, del mismo color claro que el vestido.<br />
Irina Greenfield lo miraba a los ojos con timidez. Gauvain le devolvió la mirada y alcanzó a reconocer el brillo de la compasión en sus ojos castaños. Pero no era como la que veía en el resto de los aldeanos. La pequeña que tenía ante él parecía entender el vacío que aferraba su corazón con fuerza. Y seguramente así fuese, pues, hacía poco, los Greenfield habían perdido a una de sus hijas. Sin duda una hermana de aquella joven de cabellos rojos.<br />
Con una sonrisa dulce como la miel, Irina tendió a Gauvain una margarita blanca, como las que llevaba bordadas en el vestido. Él no supo que hacer, ni que decir. Solo observó en silencio la hermosa flor.<br />
La pequeña volvió a sonreír y se acercó lentamente. Enredó la margarita en el pelo castaño de Gauvain y le dio un beso en la frente.<br />
La voz de la señora Greenfield se oyó al otro lado del cementerio, en el pueblo. Irina miró, retirándose inconscientemente los mechones rojos que el viento ponía en su cara. Y sin más palabras, sonrió por última vez antes de echarse a correr de vuelta a casa.<br />
Gauvain permaneció inmóvil, observando como se marchaba, incapaz de articular palabra. Y aún después de que desapareciese de su vista, se quedó observando el lugar por el que se había ido.<br />
El sonido de una caracola lo sacó de su ensimismamiento. Miró una vez más las tumbas de sus padres, una junto a la otra. Y sin decir palabra, marchó en dirección a los muelles. Hacia su nueva vida.</p>
<p><em>Imagenes.- Diseñada por Nieninkwe, con personajes y paisajes del World Of Warcraft. ¡Gracias!</em></p>
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		<title>Asalto a Southshore (Parte III)</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Apr 2010 11:24:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>egdris</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[World Of Wacraft]]></category>

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		<description><![CDATA[Como dije el Lunes pasado, el de hoy será un trocito corto, y puede que el siguiente también. De todos <a href="http://egdris.com/?p=171">read more&#8230;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Como dije el Lunes pasado, el de hoy será un trocito corto, y puede que el siguiente también. De todos modos espero que os guste. Gracias a todos los que visitáis y leéis estas palabras <img src='http://egdris.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>¡Un abrazo y muchísima suerte!<span id="more-171"></span><br />
</strong></p>
<p>La horda irrumpió con salvajismo en la estancia de madera. Los trozos de puerta volaron ahogando con el estruendo el débil gemido de la humana que se hallaba arrodillada en el suelo de la habitación.<br />
Dos grunts montaron guardia fuera mientras otros dos tomaban a la hermosa Lianna, que intentaba resistirse, mas su fuerza era realmente terrible.<br />
Groth’mar entró en la sala con su armadura roja y su hacha sedienta de sangre. Observó el fuego crepitar la cazuela derramarse al hervir el agua. Lentamente se acercó a la humana, observándola fijamente con su único ojo, pues un parche de cuero cubría la parte derecha de su rostro.<br />
La mujer palideció de terror al mirar a los ojos a aquel monstruo sediento de sangre, el cual murmuró algo mientras acariciaba el filo de su arma. Sus dos grunts inclinaron Lianna, haciéndola mirar al cuelo y dejando al descubierto su cuello.</p>
<p>Bajo las tablas, la mirada de Gauvain encontró la suya. El miedo despareció de los ojos de Lianna y una dulce sonrisa se dibujo en su hermoso rostro. “Te quiero” fueron las últimas palabras de la mujer.</p>
<p>De repente, su madre dejó de verse por la pequeña rendija entre las maderas del suelo. Un terrible alboroto resonó en toda la casa, haciendo caer polvo y tierra sobre el pequeño que se mantenía acurrucado y silencioso, ignorante de lo que en realidad estaba pasando. Un líquido espeso y con olor ligeramente ferroso comenzó a caer sobre su cabeza, manchándolo gota a gota, sin embargo el miedo y una sensación de vacío se apoderó de Gauvain, el cual siguió en silencio hasta que el sueño venció lo poco que le quedaba de fuerzas.<br />
_________________________________________________________________________________</p>
<p>Eric observaba con los ojos anegados como los orcos salían de su casa y clavaban sobre una pica la cabeza de su amada Lianna.</p>
<p>Quizás fueron las profundas heridas que sus enemigos le causaron antes de morir. Quizás fuese aquella brecha en la frente que no dejaba de sangrar, o la hemorragia que empapaba sus ropas bajo la armadura. Nadie lo supo.</p>
<p>Sin embargo en aquel momento un dolor más fuerte que cualquier herida atravesó el corazón del valiente humano. Solo un pequeño rayo de Luz brilló ante la oscuridad que comenzó a rodearle como una niebla muy espesa. Gauvain no había sido atrapado.</p>
<p>Con su último aliento tomó el cuerno  que llevaba siempre a su lado. Blanco como el marfil, adornado con el ancla de Kul’Tiras. Por última vez lo hizo sonar con fuerza mientras sonreía y pensaba.</p>
<p>“Me reúno contigo por toda la eternidad amada Lianna. Vive Gauvain… vive y se feliz.”</p>
<p><em>Imagenes.- Diseñada por Nieninkwe, con personajes y paisajes del World Of Warcraft. ¡Gracias!</em></p>
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		<title>Asalto a Southshore (Parte II)</title>
		<link>http://egdris.com/?p=167</link>
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		<pubDate>Mon, 05 Apr 2010 11:45:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>egdris</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[World Of Wacraft]]></category>

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		<description><![CDATA[Aquí os dejo la segunda parte de este relato. Quedan tan solo una tercera muy cortita y una cuarta que <a href="http://egdris.com/?p=167">read more&#8230;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Aquí os dejo la segunda parte de este relato. Quedan tan solo una tercera muy cortita y una cuarta que está en proceso. En principio postearé la siguiente el Lunes que viene, para dejar un margen de un artículo por semana.</p>
<p>En esta particularmente me gustaría dar las gracias a Nieninkwe por su ayuda a la hora de hacer la imagen de cabecera. Gracias por haber invertido tiempo y ganas en preparar la imagen. Estoy seguro en que concidireis conmigo al decir que pega a la perfección con el relato.</p>
<p>¡Un abrazo a todos y muchísima suerte!</strong><span id="more-167"></span></p>
<p>Al capitán de la guardia de Southshore, Eric Griffonheart se le heló la sangre cuando observó la maniobra de la Horda. En lugar de atacar con furia y de golpe, ésta vez los habían asediado con sus destructores y los transportes los habían rodeado, desembarcando a las tropas de orcos en las costas este y oeste. Justo al pié del pequeño acantilado donde se erigía su pequeña granja de madera.<br />
Tras reorganizar las defensas de la ciudad, tomó uno de los caballos de las cuadras y salió en dirección a su hogar en busca de su mujer y su hijo. Pensó que estarían a salvo alejados de la ciudad, pero al ver como los salvajes orcos tomaban tierra tan cerca supo que se había equivocado. Aquellas bestias sin honor buscarían la sangre de los inocentes donde fuese.</p>
<p>La lluvia comenzó a caer con fuerza mientras recorría el tramo de camino que se adentraba en el bosque. Su mente estaba fija en su familia ¡Tenía que llegar a tiempo! Espoleaba a su caballo con fuerza, pues, aunque el animal iba a toda velocidad, al antiguo almirante de Kul’Tiras le parecía aun muy despacio.<br />
Las ramas pasaban por su rostro como látigos, mas las esquivaba con destreza. A punto estuvo de perder el parche que cubría su ojo derecho, mas el arañazo cruzó su mejilla haciéndole un corte limpio.<br />
En unos minutos se hallaba casi fuera del bosque, entre los últimos árboles podía ver ya su hogar. Su querida Lianna barría el exterior de la granja ¿Por qué? Solo era tierra. Y ¿Dónde estaba Gauvain? Deberían estar ambos escondidos, la horda podría…</p>
<p>Algo golpeó con gran potencia su hombro, haciéndolo caer de la silla. El frío suelo recibió embarrado el rostro Eric, lastimándole la frente, de la cual comenzó a manar la sangre.<br />
Aturdido, consiguió incorporarse a tiempo para esquivar un segundo objeto que pasó volando por encima de su cabeza y se clavó en un árbol cercano. Se trataba de un hacha… ¡Un hacha Amani! Los rumores eran ciertos…</p>
<p>_________________________________________________________________________________</p>
<p>Zul’jin observaba con deleite como el humano caía contra el suelo. Después de la cautividad sufrida en las celdas de Durnholde, disfrutaba dando caza y haciendo sufrir a los humanos.<br />
Cuando al horda tomó la fortaleza y los liberó a el y a sus trolls, no creyó que fuese mas que pura coincidencia. Sin embargo, los soldados orcos los escoltaron hasta el poblado más cercano, y una vez a salvo, comenzó la negociación de una alianza.<br />
Los elfos se habían aliado con los humanos, los orcos odiaban a ambas razas y los Amani compartían ese mismo odio por los años de escaramuzas con Quel’Thalas, y por los maltratos sufridos a manos de los carceleros humanos. Si querían la venganza, la Horda se los ofrecía en bandeja de plata.<br />
Hubiese deseado quedarse allí y torturar personalmente a su nueva víctima, pero tenía otros deberes para con sus nuevos aliados. Dio órdenes a dos de sus fieles escoltas y se palpó el muñón oculto entre el trozo de tela que cubría su rostro y la mitad superior de su cuerpo.</p>
<p>-Que sufra- murmuró con desprecio, observando con ojos llenos de rabia como Eric tomaba su espada y plantaba cara a sus atacantes.</p>
<p>Los dos trolls se adelantaron de un salto enarbolando un afilado tomahawk en cada mano. Eric observaba como el resto del grupo volvía a desaparecer entre los árboles, avanzando aparentemente en dirección al norte de Southshore.<br />
Los rumores eran ciertos, los orcos habían liberado al peligroso Zul’Jin de su prisión y habían establecido una alianza con los trolls de los bosques. La guerra que acababa de empezar prometía ser más larga de lo esperado. ¡Pero no era momento de pensar en guerras! Allí estaba el, frente a dos fieros oponentes, sedientos de sangre y venganza, mientras su familia permanecía indefensa frente al contingente orco que desembarcaba a sus pies.<br />
Una primera hacha fue directa a su rostro, mas con un rápido giro de muñeca, consiguió pararla con su mandoble. Si quería salvar a su familia tendría que acabar rápido.</p>
<p><em>Imagenes.- Diseñada por Nieninkwe, con personajes y paisajes del World Of Warcraft. ¡Gracias!</em></p>
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		<title>Asalto a Southshore (Parte I)</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Mar 2010 11:55:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>egdris</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[World Of Wacraft]]></category>

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		<description><![CDATA[El pequeño Gauvain disfrutaba junto al porche de su casa jugando con un palo a modo de espada. Golpeaba el <a href="http://egdris.com/?p=150">read more&#8230;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El pequeño Gauvain disfrutaba junto al porche de su casa jugando con un palo a modo de espada. Golpeaba el aire y saltaba de un lado a otro dando muerte a orcos y bestias malignas que solo aparecían en su imaginación.<br />
Su madre Lianna preparaba el puchero dentro de la acogedora vivienda, observando a su pequeño por la ventana, con una sonrisa de oreja a oreja. “Algún día seras como tu padre” pensó la joven dama de cabellos dorados como la miel.<span id="more-150"></span></p>
<p>De repente, un trueno sonó a lo lejos y los pajaros alzaron el vuelo desde los árboles cercanos, en dirección opuesta al mar. Lianna observó fuera y vió a su pequeño observar boquiabierto hacia el mar, y como el fuerte viento vapuleaba sus vastiduras y su cabello largo. Algo en su interior se contrajo de preocupación.<br />
Sin dilación corrio hacia la entrada y se reunió con su pequeño con un tierno abrazo, casi al borde del pequeño acantilado donde se alzaba su granja.</p>
<p>-¿Qué ocurre amor mio?<br />
-¡Mira madre! – el pequeño señaló al mar sin poder apartar la vista – ¿Son esos los barcos donde navegó padre?</p>
<p>Lianna no necesitó más que un pequeño vistazo para entender que estaban en un grave peligro. Al sur y a lo largo de toda la cosa se alzaban desafiantes los navíos de la horda. Sus velas rojas ondeaban al viento mostrando los símbolos de muerte que las pobres gentes de Southshore tanto temían.<br />
La nave más adelantada volvió a abrir fuego contra el poblado de Southshore con un estruendo similar al de un poderoso trueno. El suelo vibró mientras la bala impactaba de lleno contra el campanario de la iglesia y lo derribaba.</p>
<p>-¡Vamos cariño!¡Tenemos que entrar en casa!<br />
Lianna cogió a su hijo del brazo y ambos corrieron hacia su vivienda, cerrando con llave la puerta.<br />
-Escuchame bien Gauvain, esto no es un juego como los que haces en Southshore con tus amigos. Tienes que esconderte y no saldrás hasta que yo te lo diga. ¿Entendido?<br />
-Si…madre, pero… ¿Dónde esta padre?-el pequeño no comprendía nada y temblaba de frío.<br />
-Tu padre vendrá en cuanto pueda, estoy segura, debe estar organizando las defensas del pueblo, así que no te preocupes, estara a salvo.- La sonrisa que se dibujó en su rostro consiguió calmar al pequeño que abrazó a su madre con fuerza.</p>
<p>Los disparos de los cañones se hacían cada vez más fuertes y constantes. Lianna se acercó a la ventana que daba hacia el mar y observó con horror como los transportes se acercaban a la costa, justo debajo de su granja.<br />
Presa del pánico, la joven corrió hacia la cama del pequeño y la movió con fuerza, dejando al descubierto la trampilla que daba al sotano.</p>
<p>-Vamos cariño, entra aquí y no hagas ningun ruido ¿me oyes? Pase lo que pase, oigas lo que oigas guarda silencio y no salgas hasta que todo este en calma ¿decuerdo?<br />
-Pero aquí hay sitio para los dos mama ¡ puedes venir conmigo!<br />
-Debo ocultar nuestras hueyas amor mio, sino sabrán que estamos aquí y nos podrían hacer daño.<br />
-Yo te ayudaré, ¡así acabaremos antes!<br />
-¡No Gauvain! ¿No lo entiendes? Esto no es un juego.- A pesar de la dureza de sus palabras, al ver los ojos lloroses de su hijo, Lianna sonrio y controló como pudo las suyas propias. Lentamente dio un fuerte abrazo y un beso en la frente a su querído Gauvain.- Pase lo que pase mi vida, recuerda siempre quien eres. ¡Ahora silencio! Escondete bien.</p>
<p>El pequeño bajó por la escalera de madera mientras su madre volvía a cerrar la trampilla. Allí todo estaba oscuro, solo la luz que se filtraba por las maderas del suelo de la casa iluminában la pequeña despensa. El olor agridulce de las especias lo relajó por un momento mientras escuchaba como su madre colocaba denuevo la cama en su sitio. ¿Estaba llorando? Gauvain no lo sabía, el sonido de los cañones era ensordecedor, y allí abajo las paredes parecían vibrar con cada estallido. Solo quería que todo aquello acabe cuanto antes y poder abrazar a sus padres una vez más.<br />
Avanzó en silencio y cogió la manta de piel de oso que había en su rincón. Se la enroyó y se acurrcó en una esquina, observando hacia arriba los espacios entre las maderas. Pudo ver como su madre salía afuera. Pronto estaría allí sentada con el. No había nada que temer.</p>
<p><em>Imagenes.- Obtenida de: &#8220;http://wow.warcry.com/media/images/guides/maps/hillsbrad_foothills.jpg&#8221;</em></p>
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		<title>¡Gracias por todo!</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Mar 2010 12:08:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>egdris</dc:creator>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Gracias de todo corazón a todos los que habéis hecho posible que esta web haya salido adelante.
Gracias a todos los <a href="http://egdris.com/?p=140">read more&#8230;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Gracias de todo corazón a todos los que habéis hecho posible que esta web haya salido adelante.</p>
<p>Gracias a todos los que visitáis y, en especial, a los que comentáis lo que voy subiendo. Vuestros ánimos y vuestros consejos me son de gran ayuda y me motivan a seguir adelante, aunque el tiempo y los estudios no jueguen a mi favor.</p>
<p>Gracias de todo corazón y con un abrazo muy muy especial a Simon Rimkus.<span id="more-140"></span> El fue quien me animó a comenzar por Wordpress, y ha sido el quien me ha conseguido este dominio propio, quien me ha ayudado a organizar la web como la tenía allí, quien me ha aconsejado como hacerla más atractiva y, sobretodo, el diseñador de este estupendo tema que utilizo ahora. Si os gusta y queréis ver sus fantásticos y profesionales diseños, pinchad en el link que he puesto en amigos ^^.</p>
<p>Gracias a todos, de verdad. Espero que esto siga adelante con buen paso y sobretodo buena letra <img src='http://egdris.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> .</p>
<p>¡Suerte y hasta pronto! ¡No dejéis de soñar!</strong></p>
<p><em> Imagenes.- Obtenida de: &#8220;http://themeshift.com/&#8221;</em></p>
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		<title>Capítulo II de Drakonis (Primera Parte) &quot;El Terrible Precio de la Vanidad&quot;</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Feb 2010 12:45:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>egdris</dc:creator>
				<category><![CDATA[Drakonis]]></category>
		<category><![CDATA[Fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[Courne]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace mucho que no colgaba nada nuevo, pues no he tenido animo de escribir. Sin embargo me he propuesto retomarlo <a href="http://egdris.com/?p=55">read more&#8230;</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace mucho que no colgaba nada nuevo, pues no he tenido animo de escribir. Sin embargo me he propuesto retomarlo y continuar con las historias que tenía por aquí pendientes, así que espero no volver a haceros esperar demasiado. Disculpad mi ausencia. Espero que os guste la primera parte del segundo capítulo de Drakonis. ¡Un abrazo!<span id="more-55"></span></p>
<p>La joven princesa Courne bostezó con pereza cuando su haya entró en sus aposentos, descorriendo las enormes cortinas con energía.</p>
<p>Instintivamente, la perezosa monarca se cubrió entera con las mullidas mantas y sábanas, para evitar que la luz del sol la desvelase. Mas su institutriz, como prácticamente cada día, no tardó en tirar de ellas y dejarla al descubierto, provista solo de un ligero camisón de seda.</p>
<p>-¡Arriba mi señora! Vuestro padre os requiere vestida y aseada en la sala del trono con urgencia.- dijo la anciana Gissela con su voz dulce y melodiosa- Estaba muy excitado, por lo que debe tratarse de algo importante. No conviene hacerle esperar.</p>
<p>La hermosa Courne se desperezó al tiempo que se sentaba sobre la cama. Su cabello enmarañado y sus ojos rojos le daban un aspecto de lo más gracioso, y nada acorde con su posición como princesa del reino.</p>
<p>A un par de palmadas del haya Gisella, un séquito de sirvientas entró en la habitación, cargadas con las sedas más exquisitas, varios paños y un pesado cuenco de agua cristalina.</p>
<p>La joven princesa se levantó y extendió sus brazos hacia los lados automáticamente, acostumbrada ya por años de monotonía. Sus sirvientas comenzaron a revolotear a su alrededor, aseándola rápidamente, pero con mucho cuidado.</p>
<p>La anciana la observaba con rostro serio, como cada día, mas hoy su mirada tenía algo diferente. Era como si un gran pesar la atormentase por dentro.</p>
<p>Courne deseó hacer a un lado a sus siervas y abrazar a su haya, pues era como una madre para ella. Sin embargo desechó la idea, pues en ese mismo instante su querida Gissela se dio cuenta de que la observaba con preocupación y sonrió con ternura, disipando aquella aura pesarosa instantáneamente.</p>
<p>Todo transcurría como cada mañana. La joven princesa se hallaba aseada y casi vestida cuando de repente llamaron a la puerta. Gissela se giró contrariada y envió a una de sus ayudantes a atender a quien quiera que fuese.</p>
<p>-¡Malditos impacientes! Creen que preparar a una perezosa marmota para que parezca una princesa es tarea fácil. –dijo sonriendo a su quería Courne, que tomó el comentario con humor y rió divertida.</p>
<p>-¡Si mi padre te escuchase te enviaría a fregar toda la cocina!</p>
<p>-¡Ya lo hace aún sin oírme!- las dos amigas rieron a carcajada limpia, acompañadas por las sonrisas de quienes las rodeaban.</p>
<p>La diversión cesó cuando la sirvienta volvió con el rostro blanco, pues la aterraba dar malas noticias a la temperamental anciana. Gissela la observó con el ceño fruncido, esperando que comenzase a hablar.</p>
<p>-E… es un soldado miladi, dice que necesita hablar con vos urgentemente.- El sudor comenzaba a correr por la frente de la chiquilla- Le he dicho que estáis ocupada pe… pero… insiste en que desea hablar con vos urgentemente.</p>
<p>La anciana rabiosa dio órdenes a sus ayudantes para que terminasen las tareas sin ella y salió por la gran puerta de madera blanca. La joven sirvienta suspiró aliviada al no haber sufrido ella la ira de la institutriz. Pobre soldado… ¡no sabía la que le iba a caer encima!</p>
<p>Courne observó en silencio como su querida haya dejaba la habitación con gesto furioso. Y se percató del cambio su rostro al ver quien se hallaba fuera, antes de que la puerta se cerrase. Aquello no era normal. ¿Un simple soldado había calmado o incluso intimidado a la estricta anciana?</p>
<p>La impaciencia de la princesa aumentaba por segundos, pues jamás había visto a Gissela calmarse y palidecer ante nadie, ni siquiera ante su propio padre.</p>
<p>Pronto la anciana volvió con el rostro lívido y conteniendo las lágrimas. Una furia sin igual se apoderó de ella ¿Quién osaba hacer llorar a su querida Gissela? Sin pensar y devorada por una ira irracional, Courne apartó de un manotazo a la sirvienta que intentaba abrochar la manga derecha de su vestido y salió como una tormenta al pasillo. El soldado aún caminaba por el lentamente.</p>
<p>-¡Soldado!- gritó con autoridad- ¡Detente inmediatamente!</p>
<p>El soldado obedeció y se giró firme, haciendo el saludo marcial, como era costumbre en presencia de los monarcas.</p>
<p>Gissela estupefacta salió corriendo tras Courne para reprenderla hasta que vio la escena. Su pequeña avanzaba presa de la ira en dirección al soldado que esperaba firme en medio del pasillo. Aquello no era bueno… Las lágrimas comenzaron a caer por su anciano rostro, incapaz de contenerse por más tiempo.</p>
<p><em> Imagenes.- Obtenida de: &#8220;http://images04.olx.es/ui/2/41/66/17453566_2.jpg&#8221;</em></p>
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